Artículos Recientes

¿Quién fue la figura de Racing Campeón?

RACING CAMPEÓN: CAMBIÓ A TIEMPO

EUFORIA Y DESAHOGO: Racing gritó campeón
tras 13 años en los que vivió de todo.
Primera imagen: Milito levanta el trofeo junto a Úbeda y el Chanchi Estevez. Segunda imagen: un presentador grita su nombre y Milito entra a la cancha junto con su familia. Toda la hinchada lo ovaciona, al igual que sus compañeros. Racing, campeón. ¿Qué relación tienen esas dos imágenes? Entre una y otra pasaron 13 años. 13 años de vacas flacas, en los que el equipo de Avellaneda peleó muy pocos torneos, e inclusive, estuvo al borde de perder la categoría.

Racing no iba para atrás ni para adelante. Una renovación era necesaria, y empezó por el técnico. Llegó Diego Cocca, que venía de ascender con Defensa y Justicia jugando un fútbol muy vistoso y ofensivo. Desde un primer momento, la intención del surgido en las inferiores de River fue desarrollar un juego similar. Para eso, incorporó a muchos jugadores. Los 13 refuerzos fueron: Ricardo Centurión, Diego Milito, Facundo Castillón, Ezequiel Videla, Marcos Acuña, Gastón Díaz, Nélson Acevedo, Gustavo Bou, Luciano Lollo, Nicolás Sánchez, Leandro Grimi, Iván Pillud y Germán Voboril.

Si bien durante el transcurso del torneo hubo un cambio muy importante en cuanto a la forma de jugar del equipo, los nombres fueron casi siempre los mismos, alrededor de una columna vertebral que se llevó todos los aplausos en la premiación. Sebastián Saja tuvo su mejor torneo desde que llegó a Avellaneda, y a pesar de que en algún momento fue criticado, terminó siendo de los más determinantes. Luciano Lollo, uno de los recién llegados, se ganó el cariño de la gente y formó una defensa muy segura. Ezequiel Videla fue un pulpo en la mitad de cancha y dejó la vida en todas y cada una de las pelotas. Arriba, Diego Milito fue clave siendo quien el que manejó tiempos del equipo. Pero falta uno, el que nadie esperaba, el que vino de atrás y terminó siendo la figura: Gustavo Bou.

MILITO: EL SÍMBOLO: Volvió mejor de lo que se fue. Marcó en el clásico, pero salió
por lesión y Racing lo perdió. En su regreso, el equipo levantó y nunca más se cayó.

Las primeras fechas fueron muy irregulares. Se notaba una intención del técnico en que el equipo toque mucho la pelota e intente salir jugando desde abajo, tomándose el tiempo que fuera necesario para llegar al área rival. Los resultados también fueron muy irregulares. Hubo victorias muy buenas y 2 golpes duros. El primero fue la goleada 0-4 sufrida en Tigre, donde el resultado pudo haber sido más abultado. El segundo cachetazo fue el clásico perdido con Independiente. Esa historia ya había empezado torcida cuando Cocca declaró: "prefiero perder el clásico y pelear el campeonato", generando malestar entre muchos hinchas. Sin embargo, el tiempo le dio la razón. Aquella tarde, su equipo jugó muy mal, tocando mucho la pelota de manera intrascendente en mitad de cancha, con poca profundidad y una evidente falta de carácter para mantener el resultado ante el máximo rival de toda la historia, que lo ganó con muy poco.

En una semana, la Academia estaba perdiendo con Boca (se suspendió en el segundo tiempo) y quedó afuera de la Copa Argentina. Dicen que los grandes equipos se ven en los malos momentos. Y este equipo supo reaccionar. Supo cambiar a tiempo para torcer una historia que parecía escrita, y era la de otro fracaso más. Cocca entendió que el estilo que pregonaba no estaba resultando en este equipo y que era necesario cambiar. Los nombres casi no se modificaron, pero sí lo hizo el estilo y la zona fuerte del equipo. Mientras que en las primeras fechas, el juego se basaba en la participación colectiva y la tenencia del balón en mitad de cancha, luego pasó a depender de una defensa muy férrea y rápidas transiciones entre la defensa y el ataque. En ese rearmado, Luciano Aued se ganó un lugar en la mitad del campo, al lado de Videla. Y además, tras el regreso de Milito por lesión, Cocca tuvo que sentar en el banco de suplentes a Gabriel Hauche. El ex Inter era fundamental en este equipo, y Bou comenzaba a pagar con goles. "El demonio", pese a sus buenos rendimientos, debería esperar en el banco. Todo sea por el bien del equipo.

A partir de ahí, Saja se ganó las disculpas de todo aquel que lo había insultado. Por la derecha, se instaló el tandem Pillud-Díaz, con mucha firmeza en la defensa pero también mucha proyección a la hora de atacar. Lollo se afianzó como primer central, acompañado por la gran aparición de Yonathan Cabral y por Grimi en el sector izquierdo. Con 16 goles en contra, Racing fue el tercer equipo que menos tantos recibió, sólo detrás de River y Gimnasia (13 y 15).

DE PELÍCULA: El hombre que estuvo a punto de dejar el fútbol, recaló
en Racing y lidió contra las especulaciones de la gente. Pero los enamoró a todos, a fuerza de goles.
En el mediocampo, Videla fue la figura excluyente. En cada partido parecía que había 3 o 4 jugadores idénticos y con el mismo nombre, pero era siempre él. Con su dinámica y potencia ayudó a la defensa cortando muchos avances rivales, supo presionar muchas en campo contrario, y además de recuperar muchas pelotas, posee un primer pase excepcional. Su ladero, en silencio pero con presencia perfecta, fue Aued. El ex Gimnasia tuvo partidos buenos y malos, pero siempre entregó todo y le aportó el toque de pausa y tenencia a un equipo muy vertiginoso. Por izquierda, un viejo conocido: Ricardo Centurión. El juvenil volvió de Italia, donde jugó poco y nada, y si bien no fue tan explosivo como en su anterior paso, aportó desequilibrio, velocidad, y como si fuera poco: el gol del título.

Arriba, el Príncipe se convirtió en Rey. Milito dio cátedra de fútbol. Volvió todavía vigente del Inter -donde era ídolo- para llevar al club de sus amores a la gloria nuevamente. Si bien es centrodelantero y siempre se caracterizó por su potencia goleadora, durante este torneo jugó más para el equipo que para él. Aguantó la pelota de espaldas para tocar a los costados cuando pasaban los laterales. Dio asistencias. Tuvo la pelota en los minutos finales cuando parecía que quemaba. A lo largo del certamen, fue acompañado por muchos delanteros. En las primeras fechas alternaron Hauche, Castillón y hasta Rentería. Pero un día apareció la figura sorpresiva: Bou. El atacante formado en River había sido criticado hasta el hartazgo por propios y extraños, basándose en que tiene el mismo representante que Cocca, Christian Bragarnik. Sin embargo, en silencio, la Pantera calló a todos con sus goles y terminó siendo el máximo anotador del certamen, con 10 tantos.

Siempre se destaca al hincha de Racing por estar firme junto a su equipo a pesar de las penurias. Hace 13 años que su gente no tenía una alegría, y la merecía. Lección también para el hincha en general: dejar trabajar y ver a los jugadores en acción antes de criticarlos despectivamente. La Academia volvió a gritar campeón después de 13 años, y se ilusiona con que este sea solo el comienzo. 


David Kreimer
Learn more »

EL CAMPEÓN AL QUE CASI PARA SU GENTE

Racing es pura fiesta después del triunfo ante Godoy Cruz. Celebra el título tras superar momentos turbulentos. Foto de Juan Vargas / Agencia NA.
Atardecer de domingo, 12 de diciembre de 2004. El 1 a 1 contra Arsenal le pone stop al impulso de Vélez. Ya no quedará cara a cara con Newell’s en un desempate para definir al ganador del Torneo AperturaEl equipo dirigido por Tolo Gallego se lleva el título, pese a la derrota contra Independiente, y la temperatura llega a su punto de hervor en Liniers. Un grupo de hinchas quiere agredir a los jugadores en el playón del estadio. Culpan a Gastón Sessa por error en el gol visitante y otros nombres del plantel por la decepción final. El ruido por los balazos de goma y los efectos de los gases lacrimógenos quedan alojados en el archivo del presidente Raúl Gámez. Son un recuerdo ingrato. Y seis meses más tarde, los compagina en una edición memoriosa. Justa. “A este equipo casi lo para la propia gente de Vélez cuando se puso hostil”, dice en medio de los fuegos artificiales por la corona en el Clausura 2005. El análisis evita la demagogia futbolera. Es real, certero y demoledor en cada palabra.

Amanecer de lunes, 15 de diciembre de 2014. La foto en celeste y blanco domina la tapa de los diarios y los suplementos deportivos. Atrae las miradas en los afiches de las calles. Racing grita campeón. Después de 13 años, festeja el título del torneo Transición. Y el día después, sin las luces de la pirotecnia sagrada, Diego Cocca podría pedirle derechos de autor a Gámez y asegurar que a esta versión de la Academia también “casi la para su propia gente”. De hecho, la derrota contra Independiente 2 a 1, a principios de septiembre, despertó el hábito autodestructivo de Racing. “Prefiero a que te vayas que pelear el torneo. Chau, Cocca”, se leyó en una bandera colgada en el Cilindro tras perder con el Rojo. Era el contraataque al entrenador, que había sostenido que prefería “perder el clásico, pero pelear el torneo hasta el final”. “$aja $$, cansaste”, fue otro mensaje de un grupo de hinchas, al que se sumó “Jugadores y cuerpo técnico, los clásicos se ganan”.



Las banderas contra Saja y Cocca, después de la derrota contra Independiente.
Como en los primeros metros del torneo, cuando Racing encadenó tres triunfos y sólo una derrota en cuatro partidos, Cocca mantuvo el pulso y, sobre todo, resistió las turbulencias por las caídas con Independiente y Lanús. El temporal en La Bombonera, con suspensión incluida cuando su equipo perdía 1 a 0, tampoco le inundó las ideas. Y allí, en medio de los relámpagos, tomó una decisión vital: le dio pista a Gustavo Bou y sumó poder ofensivo. En los 34 minutos restantes contra los xeneizes, el delantero pagó en efectivo con dos goles y, de ahí en más, fue contundente en la red. Tanto, que volvió a festejar por duplicado ante Belgrano y Estudiantes, y gritó de uno ante Newell’s, Banfield, Quilmes y Vélez. Sus diez gritos lo llevaron a ser el máximo goleador de Racing en el torneo. Y fue un nombre titular en una base a la que Cocca le movió pocas piezas.

Al igual que Cocca, Saja se plantó firme y cortó los centros de las críticas. Quería salir campeón. No se ilusionaba con ser convocado a la Selección, tampoco con el regreso al fútbol europeo. Y al fin, se dio el gusto de lograr un título con la Academia. Lo hizo con un papel protagónico, en especial en la definición del campeonato. La película indica que la Academia ganó sus últimos seis partidos al hilo para vivir coronado de gloria. Y en estos cruces, el uno clausuró el arco. No recibió goles. En el triunfo contra Quilmes, le tapó un penal clave a Sebastián Martínez. Y en Rosario, tuvo sus dedos de acero hasta queGastón Díaz abrió el arco y Diego Milito dejó en claro -otra vez- su calidad en el cara a cara. Festeja Saja, también Cocca y otros jugadores. Nada pudo frenar su impulso. Ni siquiera el desencuentro con sus hinchas en un momento del torneo. Resistió todo. Aprovechó el despiste de River. Y por la mezcla de atrevimiento y oportunismo, grita campeón.


Santiago Tuñez
defutbolsomos.com.ar

Learn more »

TORNEO DE TRANSICIÓN: EL 11 IDEAL

(...ir a Once Ideal de Torneo Final 2014)

Se fue el 2014. Se fue el Torneo de Transición. Racing se consagró campeón después de 13 años de sequía, y las sensaciones que dejó el campeonato en general, fueron buenas, con equipos que se animaron a pensar en el arco del frente, y por ende, partidos con muchos goles. 2015 marcará el regreso de los descensos, y la aparición de un torneo inusual en el fútbol argentino. Pero bien, como ya hemos hecho en otra ocasión, elegiremos a los jugadores que más se destacaron en el reciente torneo. Un 11 ideal, con 7 suplentes. ¿Y vos, cómo armarías tu equipo preferido?


SISTEMA TÁCTICO: 4-3-2-1
Si bien al fútbol se gana con goles, y eso generalmente es tarea de los delanteros, la novedad de este torneo pasó por la gran cantidad de volantes que pisaron el área. Las proyecciones individuales de algunos mediocampistas hacen imposible el hecho de pensar un 11 ideal sin sus nombres, y por eso quizás se termine siendo injusto con algunos delanteros que realizaron un gran torneo. ¿Cómo jugaría este equipo? Laterales con proyección, volantes con llegada, dos armadores con talento, imaginación y pegada. La posesión: el recurso preferido.


MARCELO BAROVERO


Seguramente, si River apostó al estilo que apostó, lo hizo confiando en las condiciones de su arquero, que además de atajar muy bien, le agregó personalidad y voz de mando: "Trapito" fue el capitán del equipo que dirige Marcelo Gallardo. Respondió con creces cada vez que lo necesitaron. El ex Vélez terminó de aprobar la materia "Arquero de equipo grande". Respondió bien las pocas veces en que inquietaron a River. Por eso se ganó el cariño de todo El Monumental, y por eso también, tuvo la valla menos vencida del torneo (13).


GABRIEL MERCADO




En la elección final del Once Ideal anterior, señalábamos que la carrera de Gabriel Mercado se encontraba en una curva ascendente. Ahora bien, pasaron seis meses y eso se confirma. El lateral de River es garantía de confianza: cancela su banda, se anima a proyectarse cada vez con mejor criterio, y siempre aporta su juego aéreo. Esta vez, le marcó a Vélez en Liniers, en un partido que a River se le hacía cuesta arriba. El de Madryn se hizo caudillo. Es uno de los jugadores más difíciles de reemplazar cuando se ausenta.


LUCIANO LOLLO


No fue facil el trayecto de Racing previo a la coronación. Diego Cocca cambió su estilo sobre la marcha: menos fútbol ofensivo, más equilibrio. Allí, encontró la solidez defensiva que necesitaba, y gran mérito en eso es parte de Luciano Lollo. El ex defensor de Belgrano acomodó una defensa inestable y se acostumbró a todos los que tuvo alrededor: Pillud, Díaz, Sánchez, Cabral, Grimi y Voboril. Pequeño detalle: Lollo fue el único jugador del Racing Campeón que jugó los 19 partidos, y hasta se dio el lujo de convertir un gol, a San Lorenzo en el Cilindro. Aquella vez fue triunfo de "La Academia", pero nadie imaginaba que el cordobés sería una pieza fundamental para gritar campeón.


JONATHAN MAIDANA



Otro de los que ya estuvo en el Once Ideal anterior. Por eso no hace falta decir mucho. "Jony" sigue en un nivel altísimo. Hace mucho tiempo que River no encontraba un defensor central de su jerarquía, con su carácter y fiereza. Además, va bien de arriba y se lo ve rápido. Por esas cosas del destino, un ex Boca es el único jugador de este "Millonario" que pasó por todas las etapas de los últimos años: descenso, ascenso, regreso, título local y título internacional. Funes Mori, Pezzella, Balanta y Mamanna, juegan tranquilos sabiendo que a su lado tienen a un hombre de calidad. A un lider silencioso.

LEONEL VANGIONI


El ex lateral de Newell's no deja de mejorar. Por eso, el Milan posó sus ojos sobre él. Y por eso también, Gerardo Martino empieza a tenerlo en cuenta para la Selección Argentina. Decimos que Vangioni mejora porque en el último torneo, si bien había redondeado buenas actuaciones, se lo vio por momentos superado en su faceta defensiva. Pero con compromiso y trabajo, Vangioni no solo supo acomodarse en la última línea, sino que también fue más gravitante en ataque. El zurdo realizó 20 disparos al arco en los 15 partidos que disputó, y además, convirtió un gol (vs Belgrano) y dos asistencias. ¿Tendrá destino europeo? Por las dudas, en Nuñez ya le buscan reemplazante.

CARLOS SÁNCHEZ


Era raro el paso del uruguayo por el club "millonario". Dejó la comodidad de Godoy Cruz para ascender con River, y lo logró con buenos rendimientos. Pero en Primera, su nivel cayó, y Ramón Díaz decidió no tenerlo en cuenta. Gallardo llegó y pidió por su continuidad. Sánchez tenía la dura misión de reemplazar al punto más alto en el último River campeón: Carlos Carbonero. ¡Y qué torneo realizó el uruguayo! Todos los que lo ven en vivo y en directos e asombran por su velocidad, y por su estado físico: corre sin parar durante todo el partido. Pero corre bien. Para adelante, y también para atrás. ¿La prueba? Hace una gran dupla con Mercado. Tabarez ya tomó nota del tractor uruguayo que juega en River, y lo convocó por primera vez a la Selección. 5 goles y 4 asistencias lo confirman como uno de los mejores jugadores del Torneo.


EZEQUIEL VIDELA


Tercer jugador que se repite de un campeonato a otro, pero con una particularidad: lo hizo jugando para dos equipos diferentes. Tampoco era facil la carrera de Videla hasta que llegó a Avellaneda. Lo dejaron libre en Rosario Central, se fue a probar suerte a Uruguay, pasó sin mucho éxito por San Juan y se atragantó con el ascenso en Instituto de Córdoba. Jugó poco en Chile, pero se destacó en Colón pese al descenso del elenco santafesino. ¡Y qué acierto el de Racing apostando por el! Un verdadero pulpo. Está en toda la cancha. Se duplica. Videla corre hasta el cansancio extremo, y después de recuperarla aún tiene lucidez para distribuir con criterio. Pieza fundamental del Racing Campeón, y título especial para él: su viejo que está en el cielo, era fanático de "La Academia"
.


FEDERICO MANCUELLO


El zurdo volante de Independiente venía jugando en un gran nivel desde la B Nacional, pero sería una total hipocresía decir que su rendimiento no sorprendió. Por el contrario, nadie esperaba tamaña actuación de un zurdo que encontró su lugar en el mundo gracias a Jorge Almirón: el centro del campo. Desde ahí, desde la mitad, Mancuello se hizo lider. Primero, futbolísticamente hablando. Entrega, llegada por sorpresa, gol. Luego, se ganó la cinta de capitán y la justificó siendo un gran líder que llevó a Independiente a pelear hasta las últimas fechas. Jugó todos los partidos y convirtió la increíble marca de 10 goles. Goles de todos colores. ¡Hasta uno olímpico! Muestra de un trabajo incesante para ser mejor cada día. Hacía mucho tiempo el fútbol argentino no veía un volante con tanto gol. "Mancu" fue el jugador del torneo que más influyó en su equipo, y en Avellaneda prenden velas para poder seguir disfrutándolo.


BRAHIAN ALEMÁN


En silencio, casi pasando desapercibido. El zurdo uruguayo que se lució en Unión de Santa Fe, llegó a Sarandí para vestir los colores de Arsenal. El resultado, más que satisfactorio. Jugó todos los partidos del campeonato, y convirtió 9 tantos. Le pega como los dioses, sabe jugar retrasado, por la banda o como enlace. Muestra coraje, desparpajo y una confianza ciego en sí mismo que mete miedo. Los grandes ya empiezan a pelearse por el, y eso lo agranda aún más. ¡7 goles en los últimos 7 partidos! Lo sufrieron, entre otros, Boca e Independiente. Lo disfrutó su entrenador, Martín Palermo. Y también todo el fútbol argentino. 


LEONARDO PISCULICHI


En el último tiempo, el fútbol argentino había sido víctima de una mentira que se instaló en muchos medios de prensa. El enganche había muerto. Pisculichi vino de Qatar para intentar salvar a Argentinos Juniors. No lo logró, pero si mostró algunas pinceladas de crack. Gallardo lo llamó para consultarle si le interesaba el desafío deportivo, y Piscu no lo dudó. Dejó Paternal para jugar en un club grande, y aprovechó la ida de Manuel Lanzini -titular en el 11 ideal del Torneo Final-. Sabe hacer la pausa, y hacer jugar al equipo. Nexo puro entre mediocampo y el ataque, el ex Argentinos también es bueno encontrando espacios. Un enganche clásico, como los de antes. Sin tanta velocidad pero con una precisión increíble en esa zurda que el hincha "millonario" ya comienza a amar por sus goles importantes. En el marco local, fueron 5 goles y 6 asistencias. ¿El enganche? Aún vive. ¡Que viva el fútbol, Pisculichi!


GUSTAVO BOU


Habiendo tantos delanteros, nos quedamos con Bou. ¿Pero por qué? ¡Si están Milito, Pratto, Teo, Romero! Por dos motivos: 1) Bou se tuvo una confianza ciega y daba la sensación de que podía ganar partidos él solo. Clave en un delantero. 2) El Caso Bou, criticado hasta el hartazo por apenas un puñado de partido, vuelve a demostrar lo cruel que es el fútbol argentino. La locura por ganar. El apuro para buscar culpables y destrozarlos a críticas. El surgido en River escuchó todo, pero se hizo más fuerte y dijo presente por primera vez, en La Bombonera, con un doblete que marcó un antes y después en el torneo racinguista. Finalmente, el criticado Bou marcó 10 goles y quedó a solo uno de los máximos artilleros. Pero lo importante, para él y para Racing, será el título.


SUPLENTES:

Sebastián Saja: Líder nato. Soportó críticas y se repuso. Referente de un grupo que debió lidiar contra la presión de no quedarse a mitad de camino en la ruta del título. Recibió 1 solo gol en los últimos 8 partidos, lo que refleja la remontada final que le permitió a Racing gritar campeón. ¿Cumple su promesa y se retira? ¿O se queda a jugar la Copa Libertadores?

Ramiro Funes Mori: Un torneo de locos el de Ramiro: alternó buenas y malas, pero fueron más las alegrías. Ya desde el torneo pasado venía levantando el nivel (incluído el gol en La Bombonera), pero de la mano de Gallardo aprovechó las lesiones de Balanta y se quedó definitivamente con el puesto. Se animó a salir jugando, y marcó dos goles para confirmar que su juego aéreo es cosa seria. 

Gastón Díaz: Llegó de Gimnasia y no le costó para nada acostumbrarse a un club grande. En el "Lobo", jugaba de volante por derecha, con Facundo Oreja atrás suyo. En "La Academia" hizo algo parecido con Iván Pillud, pero también supo ser él quien juegue de lateral derecho. Lo importante: ¡7 asistencias! incluída la última a Ricardo Centurión para que Racing corte una sequía de 13 años.

Maxi Rodríguez: El hombre que volvió de Europa para jugar con el club de ama. Jugó un Mundial, convirtió el penal contra Holanda, y pese a que Newell's ya no juega en gran nivel, Maxi demostró su jerarquía anotando 11 goles (máxima cantidad junto a Pratto y Romero) y siendo el mejor jugador de "La Lepra", que deberá reconstruirse si pretende volver a los primeros lugares. Lo que queda claro, es a quien deben tomar como referente..


Teófilo Gutiérrez: "Que si vengo, que si voy, que si estoy, que me pierdo". El colombiano coqueteó con Europa hasta el último minuto. A Gallardo mucho no le gustó, pero decidió respaldarlo vista la falta de jerarquía de River en ataque. Y Teo demostró su jerarquía. Goles, caños, lujos. Sabe tirarse atrás, aguantar de espaldas y también ser goleador oportunista. 10 gritos para que el "Millo" redondee un segundo lugar que no duele: porque River gritó campeón a nivel internacional.

Lucas Pratto: Un distinto, ya lo hemos dicho. Pratto no aparenta ser lo gran jugador que es. Tiene un manuel enorme de cómo jugar al fútbol. Parece que sabe todo. Además de derrochar fútbol y aportar goles, se hizo líder de un Vélez plagado de juveniles y en busca de un estilo. Habló cuando tuvo que hablar: en los micrófonos y en la cancha. El fútbol brasilero vino con todo por él, y en Liniers ya saboréan los dólares... 

Silvio Romero: Otro de esos jugadores que se van a Europa pero regresan en busca de estabilidad. Por momentos al cordobés el fútbol argentino le queda chico. Es rápido, guapo, encarador, y tiene poder de gol. 11 conquistas y 4 asistencias para que el equipo de Guillermo vuelva a luchar hasta el final un torneo. 




Learn more »

VIVIENDO UN SUEÑO


Matías Lammens es conocido hoy en día por ser el Presidente de San Lorenzo, el campeón de la Copa Libertadores de América, y el representante sudamericano que disputará en Marruecos el Mundial de Clubes que tiene como principal candidato al Real Madrid. Sorprende la actualidad del Ciclón si recordamos que en 2012 estuvo al borde de la B Nacional. En el Nuevo Gasómetro, contra San Martín de San Juan, los de Boedo estuvieron a un par de minutos de concretar el segundo descenso de su historia. Luego, el triunfo en la promoción ante Instituto de Córdoba significó un gran alivio para el pueblo azulgrana, pero también marcó el final de una etapa, y el deseo de algo mejor.

Leandro Vital es el ahijado de Marcelo Hugo Tinelli, famoso conductor-empresario, hoy Vicepresidente de San Lorenzo y vinculado a AFA. Vital es uno de los mejores amigos de Lammens. Durante mucho tiempo, fueron juntos a la cancha. Sufrían en compañía. Matías era (y es) en realidad un enfermo del ciclón. Heredó los genes azulgranas de su padre, Néstor Daniel Lammens, quién también estuvo en la política del club, y era tan fanático que le regalaba plata a los jugadores cada vez que hacían un gol. "Que gane San Lorenzo hace feliz a mi familia", repetía argumentando su obra benéfica. Cuando Néstor perdió la vida a la temprana edad de 49 años, Matías tenía solo 7. A partir de allí, encontró en San Lorenzo la forma de tener a su padre más presente que nunca. 


Ya de grande, su amigo Leandro le insistió en que conociera a Tinelli. Lammens no forzó el encuentro, que se dio finalmente en el año 2010. "Estuvimos cuatro horas hablando de San Lorenzo", expresó el Presidente sobre aquel encuentro con su futuro vice. No volvieron a encontrarse, hasta que el mal momento de San Lorenzo motivó a un encuentro. Ambos entendieron que "había llegado el momento". La dupla Lammens-Tinelli estaba decidida a salvar al club. O al menos, a intentarlo. "¿Te animas a ser Presidente?", lo consultó el conductor. Matías no pudo negarse a semejante oferta, y no sin antes establecer toda una política destinada a mejorar lentamente el club, arrasó en las elecciones de 2012 con el 80% de los votos.

Con la nueva conducción, el socio se hizo hincha. Y el hincha, se hizo socio. Porque tras una gran movida, San Lorenzo alcanzó los 50.000 asociados, claves para solventar a un club devastado económicamente. El sueño de volver a Boedo se hizo realidad después de muchísimos años, y lentamente todo empezó a florecer. Adiós a Caruso Lombardi, hola a Juan Antonio Pizzi. El resultado fue sorpresivo: San Lorenzo se consagró campeón del Torneo Inicial 2013, lo que significaba también, retomar al plano internacional. Y ahí comienza la parte más interesante de la película. El presidente hincha, el que ama al club. El que se pelea con aquellos que intentan jugar con los números del club. "Para mi, que le roben a San Lorenzo es como si le robaran a mi mamá", le dijo Lammens a un representante. Al ser hincha, entendió las necesidades del hincha. El sueño era la Copa Libertadores. Ahí debían apuntar todos los cañones. Ahí apuntaron. Tras la salida de Pizzi, se eligió a un entrenador que sabía lo que era conquistar América: Edgardo Bauza.

En la noche del 13 de agosto de 2014, el sueño se hizo realidad. San Lorenzo cortó una espera que llevaba 48 años. Levantó por primera vez en su historia la Copa Libertadores, y Lammens, aquel que admiraba a Walter Perazzo, el mismo que se refugió en el club tras la pérdida de su padre, miró al cielo y pensó: "Ya no tienen con que cargarnos". Lloró y disfrutó. Pensó en su padre. Se abrazó a Tinelli, que también perdió de joven a su guía. Lammens durmió feliz, con la Copa a su lado. Pero al otro día, abrió los ojos y siguió trabajando para el bienestar de San Lorenzo. No es una persona de esas que se quedan en el molde, y por eso insiste con seguir una línea: "el órden económico es lo que te fortalece y lleva a todo lo demás". No se conforma, va por más. San Lorenzo pisó suelo marroquí con la intención de hacer escuchar su nombre por todo el mundo. No importa el poder de quien esté en frente. Dicen que cuando uno anhela demasiado algo, se concreta. Y por ahora, para Lammens eso es mucho más que un refrán.


Alan Alberdi

Learn more »

UN PARTIDO DE OTRO PLANETA

“Recuerdo que el partido tuvo que detenerse porque toda la gente estaba mirando al cielo. Era algo impresionante, creo que de otra galaxia”

Había una vez, en una ciudad de Italia llamada Florencia, dos equipos de fútbol que se enfrentaban por el campeonato de Liga. Era 24 de octubre de 1954, por la tarde, más precisamente las 14:00hs. Un otoño frio y crujiente azotaba a toda Europa, y Fiorentina recibía en su casa al modesto AC Pistoiese. Los aficionados que se habían acercado hasta el estadio Artemio Franchi no eran pocos, ya que el equipo local atravesaba un gran momento futbolístico y siempre proponía buen juego, pero quienes se encontraban en el estadio volverían a sus casas con un recuerdo imborrable que estaba muy ajeno a ser un asunto vinculado con el fútbol. Tras el comienzo del partido todo transcurría de manera normal, aunque un tanto aburrido debido a la escasez de goles.

A los 20 minutos del primer tiempo, el árbitro decidió detener el encuentro a causa de una invasión de Ovnis. ¿Ovnis? Se preguntará usted. Si, Ovnis, por más que carezca de lógica, un grupo de objetos voladores no identificados aparecieron en el cielo de la ciudad de Florencia y se mantuvieron en vuelo durante aproximadamente unos 15 minutos, según recuerda Giggi Boni, ex jugador del club violeta en una entrevista con BBC. “Recuerdo haber visto claramente como se movían. Lo hacían muy rápido, y luego se detuvieron. Me recordaban a unos cigarrillos cubanos, por el aspecto que tenían”.

Ardico Magnini, leyenda de la Fiore se suma a los recuerdos. “Me acuerdo todo, desde la A a la Z. Esas cosas parecían huevos, y también tenían brillo a su alrededor, un brillo color plata”.

Nadie sabia que sucedía, pero lo cierto es que una vez que los seres desaparecieron del cielo, el árbitro suspendió el encuentro. Fiorentina sería campeón aventajando por 12 puntos al AC Milán, en lo que sería el primer título de su historia. Esta vez, sin ovnis en el cielo.


Escrito por: Juan Ignacio Glade
@juaniglade



Learn more »

LAS FORMAS DEL CAMPEÓN




Hace un tiempo, pudo verse en este sitio un artículo diciendo que Carlos Carbonero había sido el mejor jugador del torneo. Pareciera que fue hace mucho, pero apenas pasó un certámen de aquella gran actuación del jugador colombiano, que acabó además con la consagración de River Plate, con Ramón Díaz como entrenador. Pareciera que fue hace más tiempo porque hoy, River es el nuevo campeón de la Copa Sudamericana. Ya no está Carbonero, ni tampoco Ramón. Marcelo Gallardo fue el artífice de una gesta que acabó con 17 años de sequía a nivel internacional. Lo curioso es que a pesar de haber pasado solo un semestre, éste River es muy distinto a aquel que también supo consagrarse.

En el debut en la Copa Sudamericana, ante Godoy Cruz, se destacó la titularidad de Ramiro Funes Mori -de buen sprint final en el anterior torneo-, haciendo dupla con otro juvenil: Germán Pezzella (sin tanto rodaje con Ramón Díaz). Bruno Urribarri reemplazó a Leonel Vangioni, aunque el ex Newell's era el lógico titular en el puesto. Pero en el mediocampo estuvieron las novedades: Carlos Sánchez no había sido tenido en cuenta por el anterior entrenador -justamente, por la presencia de Carbonero-, pero Gallardo no dudó a la hora de pedir por su continuidad. Como volante central, Matías Kranevitter parecía destinado a quedarse con el puesto tras el adiós de Cristian 'Lobo' Ledesma. El tercer integrante era el mismo del semestre anterior: Ariel Rojas. "No me sirve que vivas en tu zona de confort", le dijo el joven entrenador al ex jugador de Godoy Cruz, de aceptable y silencioso rendimiento en la última consagración de River. Rojas jugó en el mismo lugar, pero con otras tareas. Aún así, en su debut realizó más pases incorrectos que correctos (16-15). Por suerte para Rojas, uno de los pocos refuerzos, Leonardo Pisculichi, tenía condiciones distintas a las del anterior enlace, Manuel Lanzini: mayor contacto con la pelota y juego cercano a los mediocampistas. Aquella noche, "Piscu" realizó 35 pases y sólo falló en 4, pero el déficit riverplatense estuvo en la ofensiva. Mientras Teófilo Gutiérrez coquetaba con Europa, Rodrigo Mora y el juvenil Lucas Boyé fueron los encargados de finalizar los ataques. Ambos salieron reemplazados. Aún así, River se hizo con el triunfo en Mendóza gracias a un agónico gol de Germán Pezzella, en lo que terminaría siendo un aviso de virtud: la pelota parada. La revancha en El Monumental sirvió para ver una mejora, y otro tipo de equipo: River dio 31 pases menos que en Mendóza, pateó el doble de veces al arco y realizó el doble de faltas. Vangioni ingresó por Urribarri y realizó tres disparos al arco, mientras que Teo, pese a estar algo inconexo, aportó más jerarquía que el juvenil Boyé. Aquella noche, el uruguayo Mora fue el autor de los dos tantos.

Ya contra Libertad de Paraguay, River llegaba afianzado y con rodaje. Un equipo "con frescura", término que suele repetir su entrenador. La mala noticia: había perdido a Kranevitter por lesión. "La máquina" debería seguir funcionando, pero sin su motor. El "Muñeco" lo entendió a la perfección. Primero probó con el juvenil Guido Rodríguez, pero la experiencia de Ponzio terminó pesando más. Y con el ex Zaragoza, River jugó de otra manera. Le costó mucho. Incluso arrancó perdiendo en Paraguay, pero tuvo la suerte de que Sánchez dejó de ser un tractorcito para ser un tractor de lujo, y empató el partido. Después, algo que pedía a gritos: goles de los pibes. Giovanni Simeone y Sebastián Driussi se encontraron con el gol. El equipo, en 15 minutos, dio una muestra de carácter y ganó 3-1. No hubo complicaciones en la revancha: Gabriel Mercado liquidó la serie en el primer tiempo y Gio volvió a decir presente. Pero atención, el juego no era el mismo. En la serie contra Libertad, Ponzio dio 108 pases contra 69 de Kranevitter en la serie ante Godoy Cruz. Lo curioso, pese a tener mucho más la pelota, River pateó menos al arco (17 contra Libertad y 30 contra Godoy Cruz), y además, también se destacan la cantidad de veces que tocaron la pelota sus centrales, principalmente Funes Mori (90), lo que habla de una posesión en una zona del campo más lejos del arco, con menor dinamismo y algo de oportunismo a la hora de golpear al rival.

La ilusión copera de River llegó a La Plata, una ciudad con algo de mística. Estudiantes fue un duro escollo: lo asfixió durante todo el primer tiempo, haciendo un equipo corto y concentrado al máximo. Además, Diego Vera aprovechó un error de Funes Mori y puso en ventaja al "León". Pero por aquel entonces, al equipo de Gallardo había que matarlo. No bastaba tenerlo contra las cuerdas. Siempre esquivó el golpe del nocaut, y luego salió renovado a cambiar su imagen. Dio vuelta los resultados contra Libertad, Rafaela, San Lorenzo, entre otros, y también lo hizo ante Estudiantes. Otra vez, gracias a la vorágine de Carlos Sánchez, primero asistiéndo a Mora para que marque su tercer gol en la Copa, y luego rematando en lo que acabó en el gol del triunfo. El equipo de Mauricio Pellegrino se quedó sin reacción. Hasta que piso El Monumental. Allí volvió a jugar de la misma manera, concentrado, metiendo, y con la dupla Carrillo-Vera complicando a la última línea. Estudiantes, merecidamente lo empató con Vera y se puso al frente con Carrillo de penal. Fue quizás el momento más difícil de River, pero el "Millo" otra vez echó mano a su amplio manual de recursos para terminar ganando.  Por arriba, de pelota parada -justo contra Estudiantes- con el guante de Pisculichi encontrando las cabezas de Mora y Funes Mori para decretar el pase a Semifinales. Allí esperaba un rival especial: Boca Juniors. Y Gallardo apuntaría todos sus cañones al Superclásico, relegando a segundo plano el torneo local.



Vale destacar que en la serie contra Estudiantes volvió a verse a River con un alto nivel de eficacia: en El Monumental remató 6 veces al arco y convirtió 3 goles. Los rivales comenzaron a complicarlo cada vez más, con planteos tácticos inteligentes que también apuntaban a desnudar falencias defensivas. Es que, Ponzio no es Kranevitter, y a la hora de ocupar espacios, el Tucumano parece experto: corre la cancha en tiempo y forma, sabe cuando meterse en los centrales y cuando ir hacia adelante. En cambio, en muchas ocasiones Ponzio priorizó la presión en solitario y dejó mucho espacio entre el mediocampo y la última línea. Seguramente Gallardo tomó nota de eso, porque ante Boca, y en La Bombonera, River fue otro equipo. Entendió a la perfección como debía jugar. Demostró carácter, personalidad, temple, coraje  y determinación. Cometió la increíble cantidad de 28 infracciones, y jugó al límite del juego brusco: Ponzio y Vangioni pudieron (o debieron) ser expulsados. Además, solo remató 3 veces al arco que custodió Agustín Orión.  Desde ambos lados, la batalla se pensó sabiendo que todo se definiría en El Monumental. El xeneize nunca le encontró la vuelta al juego friccionado que propuso River, y tampoco miró con malos ojos el empate sin goles. Lo que no esperaba Rodolfo Arruabarrena, era que su arma más peligrosa, Andrés Chávez (4 goles) se resentiría de una lesión un día antes del partido decisivo. Aunque tampoco imaginaba que jugados solo 30 segundos de partido, tendría la increíble chance de adelantarse en el marcador con un penal. Ésa es la parte más conocida: Gigliotti y el láser; desde la tensión monumental hasta el grito ensordecedor luego de que Barovero se haga prócer atajando un penal histórico. Y si hablamos de prócer futbolístico en este River, no sorprende que vuelva a aparecer el nombre de Pisculichi, el que empalmó la pelota de zurda para que viva el fútbol, viva River, viva Gallardo -en un duro momento familiar tras la pérdida de su madre- y la final internacional se haga presente en Nuñez, después de 11 años. 


El final felíz de la historia no es simple, llano, ni menos importante. Aunque el plato más fuerte estaba superado, faltaba el postre. Y en busca de él viajó River hacia Colombia, después de asegurarse llegar a la última fecha mano a mano con Racing en el ámbito local. No la pasó para nada bien en Medellín. Atlético Nacional es un equipo que lleva muchos años desplegando una idea vistosa y con buenos resultados. La velocidad de los cafeteros fue demasiado para el estrés mental y físico riverplatense. El primer tiempo fue 1-0, pero pudo ser 2-0, 3-0, o 4-0. Los locales perdonaron, y seguramente deben arrepentirse mucho. Otra vez, River reaccionó en el complemento. Otra vez, lo hizo con un gran nivel de Sánchez, pero principalmente, por la zurda de Pisculichi, que con un grandísimo remate potente y esquinado, decretó el empate. Todo se definiría en El Monumental, el escenario ideal para cortar una sequia de 17 años. Desde el primer minuto, el equipo de Gallardo mostró su hambre de gloria. Fue, fue, y fue, pero chocó siempre con el arquero argentino Franco Armani. Para peor, Teo Gutiérrez tuvo una noche olvidable, desperdiciando 5 chances de gol. Los colombianos también mostraron lo suyo, con la pausa y claridad de Mejía, la calidad de Cardona y el electrizante Ruiz. Justamente, este último tuvo en sus pies el gol de la visita, pero Barovero demostró que pese a haber alternado buenas y malas, estaba preparado para entrar en la historia. 

River venció 2-0 con dos goles de pelota parada: Mercado y Pezzella. Las finales se juegan con concentración extrema, y allí es donde Nacional pecó de ingenuo, dejando libre a dos jugadores riverplatenses, y en solo 5 minutos. Para destacar, una y mil veces, la zurda de Pisculichi. Determinante en los últimos 6 goles de River en la Copa Sudamericana. Para el fútbol argentino, es reconfortante que el ex Argentinos revalorice al tan olvidado y menospreciado puesto de enganche. Sin saber que sería figura y campeón, hace 6 meses Pisculichi le dijo a Gallardo: "Marcelo, esto es lo que le faltaba a mi carrera, lo que yo estaba esperando". Es que el Muñeco, apenas llegó, supo que el club no podía gastar mucho en refuerzos. Solo pidió por Chiarini, y con Piscu, antes necesitó hablar para sacar sus conclusiones. "Leo, te tengo visto, conozco tus virtudes, pero necesito saber si te interesa el desafío deportivo, si todavía tenes el fuego sagrado". El enganche respondió con hechos, en la cancha. El River de Gallardo, también. Y para el fútbol argentino, el poder de convicción y el pragmatismo del Muñeco, también son agua en el desierto. ¡Salud, campeón!
(@AlanAlberdi)

Learn more »

100% RIVER



Cerca de mitad de año, cuando el fervor por el Mundial era cada vez más evidente y notorio, los hinchas de River Plate recibieron una de las peores noticias imaginables; Ramón Díaz, el riojano más ganador de la historia del club, se iba por la puerta de atrás tras una discusión con Rodolfo D'Onofrio, flamante nuevo presidente del club. Ramón fue  el que les dio vida volviendo a ganar un título después de tanto sufrimiento y tristeza. Por eso era como si el mundo se viniese abajo. Todo sonaba apocalíptico en un ambiente tenso que ponía contra las cuerdas a una dirigencia que ciertamente tuvo algo de culpa en la renuncia del caudillo. Pero poco tiempo después, inició el proyecto dirigencial y se concretó la idea que tenía Enzo Francescoli; llegó Marcelo Gallardo. Vestido de traje y pantalones largos, recordó en una conferencia tras su asunción que, un par de años atrás, cuando aún era jugador, él solía decir constantemente que: ''Cuando dirija un equipo, va a jugar como el Barcelona''. La inseguridad de la hinchada millonaria era enorme, y aumentó luego del magro mercado de pases que tuvo el club. Solo llegaron Julio Chiarini -para ser suplente de Barovero-, y Leonardo Pisculichi -solicitado por Gallardo-, en una decisión que generó disconformidad entre algunos hinchas que no veían al futuro 10 de River como un jugador digno de vestir "la banda". Piscu no tardó en demostrar que la gran mayoría estaba equivocada; con doble enganche que terminó con Berra en el suelo, metió un golazo contra Rosario Central y encendió al Monumental, encandilado, y ya sin tanto escepticismo. 

Fue contra Godoy Cruz que el estilo Gallardista tuvo su consagración; el 4-0 en cancha visitante con un juego directo, ofensivo, pases de primera y la magnífica conducción de Matías Kranevitter en el mediocampo, hicieron entender a los hinchas y a los argentinos que River había vuelto a ser y que se puede ganar jugando bien al fútbol. Victorias como el 4-1 contra Independiente y el 3-1 en Paraguay contra Libertad fueron algunos de los triunfos más destacados de un conjunto que comenzaba a dar un espectáculo por cada césped que pisaba. Sin embargo, la lesión de Kranevitter significó una terrible noticia para el funcionamiento del equipo. Gallardo probó algunos partidos con el juvenil Guido Rodríguez, pero finalmente fue Leonardo Ponzio el que se quedó con el puesto. Y fue difícil adaptarse al estilo del ex Zaragoza. En parte por su propia irregularidad, pero principalmente por sus características. En la llave ante Boca Juniors, se vio la otra cara de River: guapo, corajudo, concentrado. Poca diversión. El espectáculo quedó atrás, y Ponzio se hizo referente. Calló muchas críticas ante el máximo rival, y también lo hizo ayer, ante Atlético Nacional, donde se le vio uno de sus mejores partidos con la camiseta riverplatense, trasladando la pelota con criterio y seguridad, por abajo o por arriba, pero siempre con eficiencia.

Durante toda la Copa Sudamericana y el Torneo Local, River demostró que, aunque tenía un plantel corto, era un equipo muy completo; goles de pelota parada ante rivales expertos en ello como Estudiantes, consagración de un armador de zurda mágica como Pisculichi, y goles de una defensa que ya aparece en las páginas doradas de la historia del club, siendo de las más destacadas que se recuerden. Ayer, les tocó a Gabriel Mercado y Germán Pezzella marcar por arriba, colaborando en la consagración en la Copa que coronó un gran semestre. Queda lejos la renuncia de Ramón Díaz. Se disfruta del título, los festejos, y conmueve la emoción de Marcelo Gallardo, que con apenas 6 meses de trabajo le devolvió la memoria a un club que, sin lugar a dudas, juega como muchos quieren, y como su historia manda. Presente y pasado se cruzaron por Nuñez, y se dieron un abrazo: un abrazo de campeón.

Adriano Savalli
Learn more »

HABÍA UNA VEZ UN RAYO


¿Cuántos partidos son definidos por el azar? Un tiro cuya trayectoria es desviada 2 centímetros por el viento o por un rebote inesperado, puede cambiar el resultado de un partido. Un rebote defectuoso puede dejar sólo a un delantero o hacerlo errar un tiro de esos que son más fáciles de meter que de tirar afuera. Pero ¿alguna vez escucharon de un trueno que defina un partido? Si eso suena raro, los invito a leer lo que ocurrió en Congo hace 16 años...

Por el torneo de Primera División del Congo se enfrentaban dos equipos dos regiones enfrentadas por cuestiones políticas. Durante la década de los sesenta, Kasai se quiso independizar del por aquel entonces Congo Belga. Inclusive lo logró, y se formó en agosto del '60, pero rápidamente fue derrotado por el régimen de Joseph Mubutu, quedando prohibida cualquier expresión del movimiento independentista. 

En aquella ocasión, el Bena Tshadi recibió en Kasai a su oponente, el Basanga. El encuentro comenzó con una leve llovizna, que con el transcurrir de los minutos se convirtió en una fuerte lluvia con granizo. Ya habían jugado un rato largo e iban 1 a 1 cuando sucedió este hecho que podría ser tranquilamente objeto de un cuento fantástico: un rayo cayó en pleno estadio y asesinó a 11 jugadores. Ya de por si, es trágico, pero lo más llamativo es que los muertos fueron los 11 integrantes del equipo local. Todos los hinchas, los árbitros, los suplentes y los visitantes estaban ilesos, quizás con alguna herida menor, pero los jugadores del Bena Tshadi habían perdido la vida.

¿Cómo había sido posible que un rayo aniquile a 11 jugadores de un mismo equipo, estando todos los hombres distribuidos por el campo de juego y habiendo muchos más en las tribunas? Una de las explicaciones que se le intentó dar, aunque nunca comprobada, es que se trató de un episodio de magia negra, una aplicación de los tantos rituales que son comunes en las aldeas africanas.

David Kreimer



Learn more »

APUZZO: DE LA QUEMITA A LA GLORIA


Hace menos de un mes, el partido entre Huracán y Sportivo Belgrano era suspendido por disturbios en la tribuna local. El Globo no le encontraba la vuelta al torneo, todo parecía indicar que iba a quedarse un año más en la B Nacional, y los hinchas manifestaron su enojo. Sin embargo, hoy el panorama es totalmente distinto. Bajo el interinato de Néstor Apuzzo, el equipo de Parque Patricios se coronó campeón de la Copa Argentina y jugará un desempate con Atlético Tucumán para subir a Primera División, tras una remontada histórica. Conocé la historia de este técnico que no pudo cumplir sus sueños como jugador pero que se ganó el cariño de su hinchada desde otro rol.

Nestor Apuzzo nació el 26 de marzo de 1963 en Buenos Aires. A los 10 años comenzó a jugar en las inferiores de Huracán, desempeñándose como enganche o volante por izquierda. Su juego se caracterizaba más por la pausa y la precisión que por la fuerza. En el 80, con solo 17 años, debutó en Primera, bajo la tutela de Eduardo Janin. Sus actuaciones fueron buenas y la gente esperaba grandes cosas de él, sin embargo, dos infortunios le cortaron la carrera.

En 1982, en un último intento por mantenerse en el poder, el gobierno militar le declaró la guerra a Inglaterra por las Islas Malvinas y mandó a miles de chicos sin ningún tipo de instrucción bélica a las trincheras. Néstor se vio obligado a ir al Batallón 601 de tanques con asiento en Boulogne (en el norte del Gran Buenos Aires). Tuvo suerte de no haber sido enviado a las islas, como sí le ocurrió a un compañero suyo, Omar de Felippe, que combatió en el Regimiento de Infantería Mecanizada 4. Él mismo recordó en alguna ocasión ese episodio: "Fue un problema grande para todos nosotros, que teníamos 18 o 19 años. Igualmente, prefiero no hablar mucho de eso". Debido a este conflicto, Apuzzo estuvo varios meses afuera de las canchas, en los que perdió ritmo y lugar en el equipo.

Para peor, cuando volvió, sufrió una hepatitis. Para que se den una idea de la seriedad de la enfermedad, nos remitimos a un caso más famoso: en el '82, jugando para el Barcelona, Diego Armando Maradona contrajo la misma enfermedad y tuvo que estar afuera de las canchas más de 3 meses. La suerte para Apuzzo no fue la misma. El club no se hizo cargo de su tratamiento ni lo aguantó, sino todo lo contrario. En 1983 lo dejaron libre. Acerca de esto, declaró que "no le hice juicio a Huracán porque sabía que en otro momento iba a volver".

Luego del episodio, el hoy entrenador deambuló por algunos clubes del ascenso y a los 28 años, como el mismo dijo, volvió al Globo. Primero, como jugador de futsal, y luego, en la Primera del club. En 1998, finalmente, finalizó su carrera como futbolista, habiendo metido 37 goles. Inmediatamente después se puso a trabajar como entrenador en La Quemita, el predio donde practican las divisiones inferiores de Huracán.

En 2003 fue designado para hacerse cargo del puesto de Coordinador General de las Inferiores. Su trabajo fue muy bueno, ya que apenas 4 años después, Huracán logró el ascenso con varios jugadores que habían pasado por él, como Leandro Grimi, Mauro Milano, Daniel Osvaldo, Paolo Goltz y Matías De Federico. Como premio a su trabajo, en 2007 fue tentado por el Barcelona para hacerse cargo de un proyecto formativo en Argentina. No estaba tan seguro de aceptar el cargo, pero se vio obligado a hacerlo cuando Carlos Babington ganó las elecciones y lo sustituyó por Carlos Amodeo.

A fines del 2011 volvió al club de sus amores para desarrollar nuevamente la tarea de coordinador y entrenador del selectivo. Desde ese momento, dirigió al equipo profesional como interino en varias ocasiones (2011, 2012, 2013 y ahora, aunque también había tenido algunos partidos en 2005). Esta vez parece ser la definitiva. Si bien todavía queda 1 partido para llegar al objetivo, esta vuelta podría convertirse en algo más que un técnico interino.

Este petiso gordito, con rulos, que aparenta tener menos que los 51 años que marcan su DNI, llevó nuevamente a la gloria a un club que no se consagraba desde 1973 -cuando con Menotti ganaron el Metropolitano- y ahora tiene la oportunidad de devolverlo a Primera. Sin importar el resultado del desempate, Apuzzo ya se ganó el cariño y la gratitud eterna de toda la hinchada del Globo...

David Kreimer
Learn more »

FUERON UNO SOLO


La enemistad entre Xeneizes y Millonarios se remonta hasta sus orígenes. Sin embargo, en muchas ocasiones se han hermanado, compartiendo sus jugadores un mismo equipo. Esta situación se dio más de una vez, aunque hoy parezca poco menos que imposible.

La pasión, ese sentimiento que nace del alma de cada hincha (en este caso, de Boca y River), no se negocia, se lleva bien adentro, y por lo tanto sería un absurdo tratar de describir con palabras esa sensación propia de cada uno. El corazón, de no controlarse, puede precipitarse por los caminos de la locura y llevar al individuo a la falta de todo raciocinio. Hoy, donde todo transcurre a una velocidad impresionante, parece imposible repetir una situación que tuvo lugar varias veces en la historia de nuestro fútbol.

El balónpie criollo es locura, desenfreno e insania. Domingo a domingo las canchas, los bares, los clubes o simplemente los hogares familiares se transforman. La organización reinante en la vida de cada uno de los hinchas de cualquier equipo, se ve trastocada. En nombre de esa bendita pasión pueden ocurrir situaciones que poco se asemejan con la originalidad del sentimiento mencionado. La violencia es el hijo maldito de la sociedad futbolera, esa que hoy vería con ojos incrédulos la posibilidad de que dos clubes rivales compartan una identificación común. Un mismo equipo.

No obstante, cuando todavía algo de razón (que de pesar un poco más sobre la pasión evitaría miles de desgracias) quedaba en nuestra sociedad, se llevaron a cabo una serie de cotejos amistosos que permitieron que Boca y River, o River y Boca, formaran un mismo combinado. Esta situación tuvo lugar en seis oportunidades comprobadas.

“Nuestros jugadores prestaron su concurso al Club Boca Juniors y al torneo del club Banco de la Nación Argentina, con fines de beneficencia”. El extracto pertenece a la Memoria y Balance de River del año 1909, no pudiéndose demostrar fehacientemente la existencia de tal encuentro de carácter amistoso. Asimismo, un año después, la historia fue contada con claridad en los hechos.

En 1910, con el conjunto de Núñez aún en La Boca, boquenses y riverplatenses combinaron sus fuerzas y utilizaron una indumentaria común. La fecha fue además clave en la historia del pujante país, ya que aquel 25 de mayo conmemoró el Centenario de la Patria. Los dos equipos se enfrentaron con jugadores mezclados en ambas escuadras, con la mera finalidad de recaudar fondos y poder ayudar a la gente necesitada del barrio, en una época donde las calles del sur de la capital vivían inundadas.

Un recorte de 1910 que narra aquel enfrentamiento
Uno de los equipos alineó de la siguiente manera: Luraschi (RP); Ramón Ferreiro (BJ), Garibaldi (BJ); Lamique (RP), Penney (BJ), Pisano; Elías Fernández (RP), Jorge Fernández (RP), Rafael Pratt (BJ), Galeano (BJ), Martinez (BJ). El caso del futbolista Pisano es una incógnita, ya que en los planteles de ambos clubes no existió tal apellido. Quizá se deba a un mero error de tipeo y se haya intentado hacer referencia a Juan Bautista Priano, quien sí actuaba en Boca.

Por su parte el otro team salió a la cancha con: Belloc (BJ); Chiappe (RP), Francisco Priano (RP); Pieralini (BJ), Angotti (BJ), Messina (RP); Penney (BJ), Spinelli (BJ), Giovanelli (BJ), Pastor (BJ) y Johnny Diggs (RP).

En 1911 y 1918 se produjo un caso doblemente llamativo. En esas fechas midieron fuerzas un combinado Boca-River ante otro compuesto por Independiente-Racing, en un verdadero duelo entre la Ciudad de Buenos Aires y su cercana Avellanada. El primero de los cruces (que tuvo lugar un sábado 11 de febrero) se llevó a cabo en territorio bonaerense y finalizó 0 a 0, resultado inusual para la época.

Siete años después el enfrentamiento se promovió con fines benéficos, para con otro futbolista de la incipiente liga, más precisamente Enrique Bertolini, quien defendiendo los colores de Estudiantil Porteño se había fracturado. Así el match se realizó el 1° de mayo, en concordancia con el Día del Trabajador.

El equipo de Boca y River con la camiseta de Palmeiras
Con el crecimiento acelerado de los clubes y su establecimiento en nuevos terrenos, tal fue el caso de River, estos cotejos dejaron de concretarse. La profesionalización del fútbol seguramente influyó en forma negativa sobre los mismos. Los tiempos eran otros ya, la pasión mal entendida comenzaba a ganar terreno. Sin embargo, y tras un largo parate de 30 años, se volvió a repetir un acto de este tenor.

Esta vez las tierras brasileñas fueron elegidas para llevar a cabo un duelo ante un representativo local. Tanto Boca como River presentaron lo mejor de sus ricos planteles. Enfrente se plantó un equipo compuesto por nombres del Corinthians, Palmeiras y San Pablo. El partido se desarrolló con tranquilidad, en el marco de un Pacaembú repleto, y finalizó en igualdad 1-1, siendo el delantero xeneize Pin el autor del tanto albiceleste.

En esta ocasión River cedió sus colores, ya que durante la segunda mitad se utilizó la camiseta de Boca, por lo que leyendas de la talla de Carrizo, Labruna, Moreno y Di Stéfano se calzaron la azul y oro. Durante la etapa inicial utilizaron los colores de Palmeiras, como una muestra de confraternidad.  

El equipo formó con: Diano (Boca); Marante (Boca) y De Zorzi (Boca); Yácono (River), Néstor Rossi (River) y Ramos (River); Boyé (Boca), Moreno (River), Di Stéfano (River), Labruna (River) y Pin (Boca). A su vez, ingresaron Amadeo Carrizo (River), Castellani (Boca), Corcuera (Boca), Sarlanga (Boca) y Loustau (River).

La Selección Argentina en la previa del duelo de 1974
La historia registró los dos últimos enfrentamientos en 1974 y 1975. En el primero, disputado un 29 de agosto y en un colmado estadio de Vélez, los dos más grandes se midieron con la Selección Argentina. El resultado final fue 2-2, con goles de Tarantini y Rocchia para la albiceleste; García Cambón y Morete, sobre el final, decretaron la paridad.

El dato curioso de aquella noche en el Amalfitani fue que la parcialidad de Boca se ubicó en una popular, mientras que a su vez la gente de River se colocó en la otra, por lo que el representativo nacional pareció netamente visitante en su propio territorio.

Finalmente, en 1975, se pudo disfrutar de la última presentación de un combinado formado por los “Primos”. Aquella vez fue derrota por 2-1 ante un equipo de Agremiados. El repetido escenario de Liniers fue testigo de los goles de Rocchia y Scotta, los que le dieron el triunfo al gremio que nuclea a los futbolistas. Esa fue la última vez que unos y otros unieron fuerzas. Hoy, a casi 40 años de esa experiencia, parece imposible (y seguramente lo es) que tanto Boca y River se olviden de todo, se abstraigan de aquello que los enfrenta y se unan en una causa común, aunque sólo sea por 90 minutos.



Maximiliano Santini
@santinimaxi
Learn more »

Recibí nuestro contenido en tu mail